Cómo reconocer cuando un alimento es saludable

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El envoltorio de los alimentos está lleno de sellos, tablas y muchas promesas. ¿Qué es realidad y qué es publicidad? Aquí revelamos algunas claves.

Mucha gente quiere comer sano. Eso es, al menos, lo que se desprende de un informe sobre nutrición del Ministerio alemán de Alimentación y Agricultura. Por eso, no es de extrañar que los fabricantes de alimentos rotulen sus productos con sellos, atractivas imágenes y afirmaciones que sugieren a los usuarios que han hecho una elección saludable comprando un determinado producto.

Sin embargo, el número de personas con sobrepeso y enfermedades relacionadas con la dieta, como la diabetes tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares, está aumentando en todo el mundo, especialmente en los países industrializados y emergentes. Es decir, en aquellos lugares donde las estanterías de los supermercados están llenas.

¿Qué está pasando? ¿Es engañosa la información del envoltorio de los alimentos? “A menudo, no hay respuestas generales”, dice al respecto Daniel Wefers, profesor de química alimentaria en la Universidad Martin Luther, en Halle-Wittenberg.

¿Qué significa que un alimento es orgánico?

La buena noticia es que los alimentos que llevan la etiqueta de “orgánico”, son realmente orgánicos. Ahora bien, según Wefers, la verdadera cuestión es qué significa exactamente eso.

En principio, la palabra “orgánico” se refiere solo a la forma y el método de producción. En Alemania, hay cierta laxitud en los criterios para etiquetar a un producto como orgánico. Por ejemplo, los fertilizantes y pesticidas utilizados o el espacio que tienen los animales en las granjas varían mucho de un productor a otro, y todos pueden llevar el sello de orgánico.

Por otro lado, el usuario asocia inmediatamente los alimentos cultivados orgánicamente con la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, así como con una dieta más saludable. Pero esa correlación “no es tan sencilla”, dice Wefers.

El poder de las imágenes

La imagen de una vaca pastando en un verde prado impresa en el cartón de leche y la foto de unas frutas del bosque en el envoltorio de una barrita de frutas también nos reafirman en que hemos hecho una buena compra, haciéndonos creer que la vaca tiene una vida agradable y la barrita de frutas está llena de vitaminas.

“Pero, si uno lee con detenimiento la lista de ingredientes, es posible que la barrita solo contenga un pequeño porcentaje de la fruta anunciada”, dice Wefers.

El orden de los ingredientes es crucial

La lista de ingredientes proporciona información sobre cuán sana es una barrita o la crema de chocolate con avellanas. En primer lugar, el orden en que se enumeran los ingredientes es decisivo: “El ingrediente que aparece en primer lugar, es el que contiene el producto en mayor cantidad”, aclara Wefers.

Las avellanas no son el ingrediente principal de la crema de cacao, sino el azúcar y la grasa. Si la lista de ingredientes dice “azúcar”, significa azúcar de mesa, la llamada sacarosa. Pero el azúcar también está detrás de nombres como lactosa o fructosa, de hecho se esconde detrás de 70 términos diferentes, por lo que es difícil determinar su contenido total. Cuanto más larga sea la lista de ingredientes, más difícil será para los usuarios entender qué lleva exactamente el producto y en qué cantidad.

Los nombres complicados de aditivos y una serie de números que empiezan con la letra E nos dan rápidamente la sensación de estar ante una bomba química. Sin embargo, Wefers nos tranquiliza: “Tales aditivos no hacen que un alimento sea malo per se, ya que la mayoría solo están contenidos en cantidades comparativamente pequeñas en el producto”.

El experto tampoco entiende del todo la inquietud de algunos usuarios por un aditivo como el glutamato. “El glutamato está naturalmente presente en muchos alimentos, por ejemplo, alrededor del 1% en el queso parmesano”. Aparte de que hay muchos aditivos que son de origen natural.

La mejor información, en la tabla nutricional

Al final, lo mejor es abstraerse de sellos como “sin azúcar añadida”, “orgánico” o “jugo 100% directo”, y fijarse en otras informaciones. “La tabla nutricional brinda la mejor información sobre los macronutrientes”, explica Daniel Wefers.

En ella, el contenido total de azúcar se da en porcentajes. Además, la tabla nutricional indica la energía del producto, es decir, las kilocalorías por cada 100 gramos. Aunque a Daniel Wefer le cuesta hacer afirmaciones generales sobre alimentos, una cosa sí tiene clara: “Si el contenido de fibra de un alimento es alto, eso es bueno”. Por cierto, mucha fibra hay en la verdura, que no necesita ni imágenes ni listas de ingredientes para venderse.

eldiariony.com


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