A propósito del Masacre, cultura innovadora, basada en educación y tecnología

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Por:Juan Manuel Garcia

“En Cumbre del G77 y China, presidente Abinader habla sobre necesidad de promover cultura innovadora basada en educación y tecnología”, decía la nota de prensa enviada a los suscriptores vía email por La Voz del PRM, el periódico oficial del PRM (Partido Revolucionario Moderno), el oficial.

Tal parecería que la principal figura del país, por ser Presidente, estando en La Habana, Cuba, seguía el hilo de los acontecimientos que se desarrollaban en la República Dominicana, para ni siquiera sugerir que los había dejado atrás, mientras hablaba ante los representantes de 134 países en desarrollo, que en realidad es lo que desde 1964, ha terminado llamándose Grupo de los 77.

En la República Dominicana hervía un mundillo de sucesos a propósito del desgobierno haitiano, inútil para enfrentar su propia situación y cualquier otra que se le presente. Como el caso de no tener recursos ni poder para respetar tratados multinacionales, ni la presión de grupos que todo el mundo conoce y siente que han tomado a Haití como rehén, como si fuera una finca a explotar, sin el consentimiento de ese pueblo libertario.

Todo eso lo decimos, porque los sucesos que marcan el diario vivir en Santo Domingo y su frontera con Haití, con unos 320 kilómetros de extensión, abarcando cinco provincias y dos docenas de municipios, usualmente dedicados a un rutinario farniente, permite múltiples lecturas, si los vemos con la tónica del presidente Abinader, cuando pide la necesidad de promover una cultura innovadora basada en la educación y la tecnología.

En conclusión, la República Dominicana como todos esos países reunidos para la ocasión, en Cuba, está realmente necesitada de una cultura innovadora basada en educación y tecnología.

Yendo por parte. El intrusismo haitiano al querer aprovechar todas las aguas dulces del pequeño, pero largo río, que irriga más de 800 kilómetros, teniendo sólo 55 kilómetros de longitud, y todavía alcanza para disponer de dos nombres, Masacre y Dajabón, durante su trayecto, es una inconsecuencia.

El Masacre o Dajabón es un caso triste. Los haitianos siempre han entendido que ese chorro de agua les pertenece sólo a ellos, aunque nace en territorio ajeno, como es el dominicano. Y como todo lo que es haitiano, en Haití, han hecho lo imposible por destruirlo, cortando a su alrededor, todo asomo de árbol o arbusto, para quemarlo como carbón e impidiendo allí, lo que sería un utilísimo bosque para proteger el riíto. Podrían reforestarlo, pero eso es una mala palabra en Haití. Pero no sólo eso, sino que más que río, en territorio haitiano el Masacre o Dajabón es una zanja, a la que ya no se le puede sacar más arena de su lecho, en forma indiscriminada. Vayan a verlo y se convencerán.

El riíto, sin embargo, resiste. Y llega sediento a duras penas hasta la bahía de Manzanillo, por allá por el Atlántico, cerca de donde los aborígenes, primarios dueños de la isla quemaron el primer fuerte militar construido por los europeos en América, utilizando los maderos de esas extrañas e intrusas embarcaciones.

Era la Navidad de un nuevo mundo que sería poblado por los imperios que parecen eternos, con africanos comprándolos y vendiéndolos entre los mismos imperios, a precio de cualquier cosa. Y eso es, tristemente el Haití irredento.

¿Por qué tiene el presidente Abinader que hablar en La Habana, Cuba, de la necesidad de promover una cultura innovadora, basada en educación y tecnología?

Tal vez, para que los “comunicadores”, que no periodistas nuestros, aprendan geografía vernácula, y nuestro propio embajador que representa a todos los dominicanos, en Puerto Príncipe, Haití, aprenda el arte del lenguaje de la diplomacia, la que maneja de manera excelente Abinader, para no enredarse en declaraciones dadas en la distancia.

Así, es, Presidente. Falta mucha cultura tecnológica para alcanzar el progreso de los pueblos. Dígalo ante más de 134 países. También en la ONU, en donde están todos juntos y reburujados. También Haití.


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